La discusión por los cortes de tránsito reflota una comparación inevitable. Sin embargo, razones técnicas, logísticas y artísticas explican por qué el principal evento cultural de la comuna no puede medirse con espectáculos aislados ni trasladarse sin perder su esencia.
Cada año, el Festival El Camarón transforma el centro de Freirina en un punto de encuentro cultural, artístico y comunitario. Y como ocurre con todo evento masivo, surgen opiniones divididas. Una de las más recurrentes apunta a trasladarlo al Estadio Municipal para “descongestionar” el casco urbano, una comparación que volvió a instalarse tras recordar el show de un solo artista «Zúmbale Primo» realizado en 2024 en ese recinto.
Sin embargo, equiparar ambos escenarios no resiste un análisis técnico ni cultural más profundo.
La plaza: acústica natural y logística integrada
La Plaza de Freirina ofrece una acústica natural que reduce la necesidad de amplificación extrema. El estadio, en cambio, requiere un despliegue técnico mucho mayor para lograr el mismo estándar sonoro, lo que implica más torres, más potencia, mayores costos y un impacto acústico distinto para los sectores aledaños.
A ello se suma una logística que la plaza ya tiene resuelta: acceso inmediato a camerinos mediante dependencias municipales, baños públicos en buen estado, accesibilidad universal, circulación interna segura para artistas y producción, y un vínculo directo con Carabineros y servicios de emergencia, además de múltiples vías de evacuación urbana.
Identidad y cercanía: el valor que no se mide en decibeles
Los propios artistas han sido claros: el Festival El Camarón se vive distinto porque el escenario está cerca de la gente. La plaza permite un contacto directo, una energía compartida que se pierde en un estadio, donde por normativa el escenario debe levantarse y distanciarse del público, diluyendo la interacción y el carácter íntimo que distingue al certamen.
No es un detalle menor. El Camarón no es solo un concierto, es una experiencia colectiva, una tradición que se construye desde la proximidad, el diálogo visual y emocional entre artista y público.
Eventos distintos, exigencias distintas
El show de Zúmbale Primo en 2024 fue un evento puntual, de un solo artista y una sola jornada, con requerimientos muy distintos a los de un festival de varios días, múltiples bloques musicales, competencia, artistas locales y nacionales, y una dinámica de público mucho más diversa.
Trasladar el Festival El Camarón al estadio no garantiza menos molestias ni mayor fluidez, pero sí implica resignar identidad, aumentar costos y complejizar una operación que hoy funciona sobre una base probada.
Conclusión
El debate es legítimo, pero debe darse con todos los antecedentes sobre la mesa. La Plaza de Freirina no es un capricho: es parte del sentido mismo del festival. Cambiar el lugar puede parecer una solución rápida, pero también puede significar perder aquello que convirtió al Camarón en una de las fiestas culturales más reconocidas de la provincia del Huasco.