Francisco Pérez no explicó mucho pero logró resistir los embates de un poco preparado Nelson Venegas. Con un evidente nerviosismo pero con un discurso ensayado defendió las decisiones del Gobierno y sorteó sin un golpe mayor la primera interpelación realizada a un canciller en Chile. Sin embargo, las casi tres horas frente a la Cámara no bastaron para cerrar los principales flancos que arrastra la política exterior de La Moneda.
Las dudas sobre el alcance del Escudo de las Américas, la relación con Estados Unidos, la autonomía de la política exterior chilena y el manejo de las tensiones con Argentina siguieron sobre la mesa una vez terminada la sesión.
De hecho, el interrogatorio recorrió buena parte de las controversias que han acompañado a Cancillería durante las últimas semanas.
Pérez no se esforzó mucho por aclarar las dudas pero si mantuvo definiciones categóricas de principio a fin. Sobre la disputa austral afirmó que “el Estrecho de Magallanes siempre fue, es y será chileno”, mientras que respecto del Escudo de las Américas defendió que su adhesión no implica ceder soberanía ni comprometer al país en una alianza militar.
El tono subió precisamente durante ese último debate. “Usted no es abogado, yo sí”, lanzó Venegas al canciller en uno de los momentos más tensos de la jornada.
Pero una cosa fue resistir el interrogatorio y otra distinta despejar las dudas que llevaron al ministro hasta el Congreso.
Contuvo el cuestionamiento, pero no lo cerró
Para Marco Moreno, director de la Escuela de Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central, Pérez Mackenna cumplió en el primer objetivo, pero quedó al debe en el segundo.
“Creo que Pérez Mackenna tuvo un desempeño defensivamente eficaz, pero políticamente incompleto”, afirmó.
En ese sentido, Moreno descarta que el canciller haya terminado debilitado. A su juicio, mostró conocimiento de los asuntos abordados, respondió a los cuestionamientos y consiguió darle cierto orden a una política exterior que durante las últimas semanas había quedado atrapada en una seguidilla de controversias.
“No salió debilitado: respondió, mostró manejo de los temas y logró ordenar una política exterior que durante las últimas semanas había aparecido como una sucesión de controversias”, explicó.
El problema, sostiene, es que ese no era el único examen.
La interpelación también obligaba a Pérez a explicar hacia dónde apunta la política exterior del Gobierno y, especialmente, qué significa en términos estratégicos el acercamiento impulsado por La Moneda hacia Estados Unidos, insiste Moreno.
Y ahí, según el académico, la cuenta quedó abierta.
“Permanecen abiertas interrogantes sobre el sentido estratégico del Escudo de las Américas y sobre cómo el Gobierno entiende la autonomía internacional de Chile”, agregó.
Su conclusión resume el escenario que dejó la sesión: “Pérez logró contener el cuestionamiento, pero no necesariamente cerrarlo”.
Las dudas que sobrevivieron a la interpelación del canciller Pérez
Roberto Mardones, director de la Escuela de Gobierno y Administración Pública de la Universidad Mayor, también pone distancia de las lecturas triunfalistas.
Además, advierte que el balance dependerá inevitablemente del sector político desde donde se observe. El oficialismo puede exhibir la preparación del canciller, su defensa de la soberanía chilena y la claridad con que respaldó la incorporación al Escudo de las Américas. La oposición, en cambio, encontró espacio para acusar respuestas evasivas y falta de autocrítica.
Más allá de que todos intenten sacar ventajas, Mardones reconoce que Pérez estuvo preparado y que enfrentó directamente algunos de los asuntos más complejos. Pero eso, sostiene, no significa que haya conseguido despejar las interrogantes.
Una certeza sí quedó, a su juicio: el Gobierno de José Antonio Kast apuesta por una relación estrecha con Estados Unidos y está decidido a avanzar en su participación en el Escudo de las Américas.
Y pese a que Pérez también fue categórico al negar que los acuerdos de cooperación militar y de inteligencia impliquen una cesión de soberanía, para Mardones, persisten dudas sobre el grado de autonomía que conservará la política exterior chilena, el papel que tendrá el multilateralismo bajo la actual administración y la conducción de la relación con Argentina, especialmente después de las controversias por el Estrecho de Magallanes.
Los sectores críticos del Ejecutivo, agregó, seguirán cuestionando si algunas respuestas tuvieron suficiente respaldo técnico y si el acercamiento con Washington está modificando una tradición diplomática que buscaba mantener mayores márgenes de autonomía.
“Pérez ni está fortalecido, ni tampoco ha tenido un buen desempeño y, obviamente, las posturas dejan bastante más dudas que certezas”, sostuvo.
Un formato bajo cuestionamiento
Para Felipe Lizama, académico y abogado de la Facultad de Derecho de la Usach, los cuestionamientos no se concentran tanto en el desempeño de Pérez, sino en la propia interpelación.
A su juicio, la sesión terminó transformándose en un “espectáculo lamentable”, con un formato que privilegia la confrontación política por sobre una discusión de fondo.
En esa línea, Lizama cuestionó especialmente que este mecanismo se utilizara contra un ministro de Relaciones Exteriores, considerando que algunas de las materias sometidas a discusión podían involucrar información sensible para el país.
“Esta es una interpelación única en su naturaleza porque se hace contra el canciller, y perfectamente pudo haber comprometido temas de la seguridad nacional”, sostuvo.
El académico apuntó, además, contra todos los participantes de la instancia, oposición y oficialismo, al considerar que esos riesgos fueron abordados “con mucha ligereza”.
Resistir no es salir fortalecido
Así las cosas, la interpelación terminó, pero difícilmente cerró la discusión que la provocó.
Pérez Mackenna mostró preparación y evitó que la oposición consiguiera arrinconarlo durante una sesión que por momentos elevó considerablemente el tono, con parlamentarios comportándose como verdaderos barras bravas.
Pérez consiguió evitar que la primera interpelación a un canciller se transformara en una derrota política personal. Pero tampoco logró convertirla en el punto final de las críticas a su gestión.
En eso coinciden, con distintos matices, los análisis posteriores: el canciller salió de la Cámara sin haber sufrido costos, pero tampoco consiguió salir con un saldo a favor.