En la Región de Atacama, una de las zonas más expuestas a la escasez hídrica del país, la reciente puesta en marcha de la nueva oficina regional de la Comisión Nacional de Riego (CNR) ya ha dado frutos concretos para las y los agricultores del territorio, fortaleciendo la presencia institucional y acelerando el desarrollo de proyectos estratégicos para la eficiencia en el uso del agua.
El Coordinador Zonal de la CNR, Jaime Gutiérrez, junto a la seremi (s) de Agricultura de Atacama, Paola Torres, encabezaron en las comunas de Vallenar y Freirina la inauguración de obras bonificadas por la Ley de Riego, que mejoran la acumulación y gestión del recurso hídrico en la provincia del Huasco.
Estas iniciativas consideran una inversión total de más de $500 millones, recursos que permiten fortalecer la seguridad hídrica en más de 620 hectáreas productivas de la región, reflejando el compromiso del Estado con el desarrollo agrícola en una región extrema donde cada metro cúbico de agua es fundamental.
En Vallenar, se inauguró la construcción e impermeabilización de un embalse de regulación corta con capacidad cercana a los 10.000 m³, asegurando el riego de 13 hectáreas de hortalizas (ajíes y tomates, entre otros) de don Antonio Trujillo. En Freirina, en tanto, se rehabilitó el embalse de la Comunidad de Aguas Canal Nicolasa, con más de 30.000 m³ de capacidad, beneficiando directamente a 11 regantes y otorgando seguridad de riego a 607 hectáreas.
“La Región de Atacama enfrenta condiciones hídricas especialmente complejas, por eso como Comisión Nacional de Riego hemos fortalecido nuestra presencia en el territorio. La puesta en marcha de la oficina regional ha dado frutos concretos, con obras que mejoran la acumulación, reducen pérdidas y entregan mayor seguridad de riego a cientos de hectáreas productivas. Cada metro cúbico de agua cuenta, y nuestro compromiso es seguir apoyando a las y los regantes para avanzar hacia una agricultura más justa y sustentable”, señaló el Coordinador Zonal de la CNR, Jaime Gutiérrez.
Estas obras permiten optimizar la acumulación y conducción del recurso hídrico, avanzar en mayor eficiencia y resiliencia frente a la crisis climática, y consolidar una gestión del riego más sostenible para la agricultura de Atacama.