Hacienda abre la billetera: Expertos respaldan acelerar la inversión pública para impulsar el empleo

El Ministerio de Hacienda prepara una apertura de la billetera fiscal para intentar darle un impulso al debilitado mercado laboral. El Gobierno anunciará en los próximos días un plan destinado a acelerar la inversión pública durante los últimos meses del año, con el objetivo de inyectar actividad en el corto plazo y complementar el esperado repunte de la inversión privada.

El anuncio llega en momentos en que la tasa de desocupación se mantiene elevada, en 9,5%, y mientras el Ministerio del Trabajo prepara iniciativas de más largo plazo vinculadas a contratos de aprendizaje, jornadas híbridas y polifuncionalidad. Desde Hacienda, además, el diagnóstico apunta a que la forma más rápida de generar nuevos puestos de trabajo pasa por reactivar la economía.

«El tema de empleo está relacionado con distintas medidas de largo plazo, que son las que el ministro (Tomás) Rau está trabajando y esperamos que envíe prontamente un cuerpo legal para ello. En el corto plazo las medidas de empleo se sacan con reactivación», señaló el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, tras participar en un seminario de Clapes UC.

El secretario de Estado agregó que la situación de las cuentas públicas permite avanzar en una estrategia de mayor intensidad y anticipó que las medidas serán anunciadas «a fines de este mes». En una entrevista publicada ayer en El Mercurio, Quiroz ya había adelantado que Hacienda evaluaba acciones para «mejorar fuertemente la ejecución presupuestaria en los últimos meses del año y que puedan hacer enganche con lo que viene el próximo».

 

Inversión pública como motor

 

Este jueves, el ministro entregó mayores luces sobre el destino que tendría ese esfuerzo fiscal. La prioridad estará en las obras públicas, por sobre la entrega de subsidios, con el argumento de que este tipo de gasto permite activar directamente sectores intensivos en mano de obra.

La «preferencia» son las obras públicas, «más que los subsidios», afirmó Quiroz. «Son obras, construcciones, actividad económica», explicó, apuntando a que el impulso fiscal durante el último trimestre debería complementar la inversión privada que, a juicio de Hacienda, tendrá una mayor fortaleza durante 2027.

El exsubsecretario de Hacienda y actual decano de Economía, Negocios y Gobierno de la USS, Alejandro Weber, calificó la señal de Hacienda como «el camino correcto«, considerando la evolución de las cuentas fiscales durante los primeros meses de la actual administración.

«Los buenos resultados del ajuste fiscal y los mayores ingresos para el Estado permiten hoy agilizar el gasto de capital (inversiones) en lo que queda del año», sostuvo.

Weber puso el foco en la diferencia entre la ejecución del gasto corriente y la inversión pública. Según sus datos, a junio el gasto corriente había aumentado su ejecución apenas 1% respecto de igual período del año anterior, muy por debajo del incremento promedio registrado en los años previos.

El problema, planteó, está en el gasto de capital: la ejecución de la inversión pública acumulaba una caída de 14% frente al mismo período del año anterior. «No tenemos que cortar inversiones, al revés«, afirmó a Emol, agregando que los últimos cuatro meses del año pueden ser una oportunidad para cambiar esa trayectoria.

Para 2027, Weber planteó que la estrategia debería mantenerse: mientras continúa el esfuerzo por contener el gasto corriente, el presupuesto de inversión debería diseñarse con una capacidad de ejecución cercana al 100%. De esa manera, sostuvo, el erario no solo mantendría su responsabilidad fiscal, sino que podría convertirse en una herramienta de reactivación y generación de empleo.

El economista jefe de BCI, Sergio Lehmann, valoró el enfoque y destacó el efecto que podría generar sobre distintas áreas de la economía. «Acelerar la inversión pública puede generar un mayor impulso de la economía. La construcción, en particular, es intensiva en mano de obra, por lo que permitiría alguna mejora en el empleo», señaló a El Mercurio.

Según Lehmann, el efecto no se limitaría a la construcción. Una eventual mejora en el empleo podría trasladarse hacia el consumo y favorecer al comercio, sector que ha mostrado un desempeño más débil debido precisamente a la fragilidad del mercado laboral.

En la misma línea, la economista sénior de LyD, Macarena García, sostuvo que el gasto fiscal debe tener como prioridad el crecimiento y, especialmente, la inversión. «El gasto fiscal, tanto el de este como del próximo año, debe orientarse al crecimiento, que es lo que más afecta a las personas actualmente por la vía de las dificultades para encontrar trabajo o para que aumenten los salarios», planteó al citado medio.

A su juicio, el foco debería estar «principalmente, en inversión pública, ya que es intensiva en trabajo y adicionalmente potencia el crecimiento de largo plazo«. García, además, advirtió que la experiencia reciente muestra un problema en la composición del ajuste fiscal: «ha sido la inversión pública la que ha absorbido el ajuste y no el gasto corriente ineficiente».

 

Construcción y obras de rápida ejecución

 

El economista y socio de Rojas y Asociados, Patricio Rojas, también respaldó la orientación, aunque planteó que los recursos deberían concentrarse en proyectos capaces de generar actividad rápidamente.

«Esto podría involucrar acelerar programas de vivienda pública, con uso del sector privado, por tanto serían viviendas sociales», señaló a El Mercurio. En esa línea, apuntó a terrenos que ya fueron adquiridos para proyectos habitacionales y a obras públicas de menor tamaño que puedan ponerse en marcha con mayor rapidez.

Rojas no descartó, además, complementar la inversión con instrumentos focalizados para grupos con mayores dificultades para encontrar empleo. «Se puede pensar en algunos subsidios directos por un período corto de tiempo para algunos segmentos de la fuerza laboral que tienen una situación más compleja», sostuvo, mencionando particularmente a los menores de 30 años.

El economista advirtió, eso sí, que la implementación del plan tendrá una restricción evidente: el espacio fiscal. «Se requieren recursos que, dado el contexto fiscal, van a tener que salir de alguna reasignación (de gasto) o algo más de deuda», planteó.